El derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen

Este derecho está recogido en el artículo 18 de la Constitución Española donde se dispone que “se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen” y su desarrollo completo se consiguió posteriormente con la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, sobre protección civil del derecho al honor, intimidad personal y familiar y a la propia imagen (a partir de ahora, LODH).

Al igual que ha sucedido con otros derechos, su fundamento se halla en la dignidad de la persona y el derecho al libre desarrollo de la personalidad (art. 10 CE ).

Aunque se trata de derechos distintos, se les concede un tratamiento unitario a todos ellos, aprovechando que son numerosos los nexos de unión.

De cada uno de ellos podría decirse que:

a) Derecho al honor: Hace referencia a la estimación de la persona en y por la sociedad y contribuye a configurar el estado social de la misma. De este modo se distingue un aspecto subjetivo del derecho al honor y un aspecto objetivo. El subjetivo estaría referido a la estimación que cada persona hace de sí mismo y el objetivo al buen nombre o reputación de que goza una persona ante los demás (prestigio profesional).

b) La intimidad constituye una esfera de la persona exclusiva y excluyente, que debe ser protegida contra las intromisiones o indagaciones ajenas. Este derecho también tiene un aspecto positivo que se traduce en la posibilidad de exclusión de los demás, de abstención de injerencias ajenas y de control sobre los datos relativos a la propia persona.

Resulta necesario distinguir entre intimidad y vida privada: la intimidad también comprende aspectos personales (datos biológicos) que no son vida privada y, por el contrario, la vida privada incluye ámbitos que por conocidos no se integran en la intimidad.

Está limitado por el derecho a la información, por lo que su ámbito vendrá marcada por la vida de cada persona.

c) El derecho a la propia imagen consiste en el poder de decidir la reproducción de la imagen de nuestra persona por cualquier medio (caricatura, fotografía, etc.), así como su exposición o divulgación sin nuestro consentimiento.

Clases de derechos personales

La clasificación más sencilla es la que distingue entre derechos relativos a la esfera corporal o física de la persona y derechos sobre la esfera espiritual o moral.

En el primer grupo están el derecho a la vida, el derecho a la integridad física y el derecho sobre las partes separadas o separables del propio cuerpo.

Al segundo grupo pertenecen el derecho a la libertad en sus múltiples facetas, el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, y el derecho al nombre.

La fundamentación de muchos de estos derechos hay que buscarla en el derecho al “libre desarrollo de la personalidad”, reconocido en el artículo 10 de la Constitución, que es donde recurren muchos de los nuevos derechos de la personalidad. Por ejemplo el derecho que tiene un hijo a conocer quién es su madre; derecho a la calidad ambiental, etc.

Los derechos de la persona

El Derecho debe velar por la protección de la persona tanto en su vertiente física como en la moral, cuidar por el libre desarrollo de la persona, y ello es así porque la dignidad de la persona (art. 10 CE) exige que se le garantice el respeto de su propia integridad en todas sus manifestaciones físicas y espirituales.

Es preciso que exista una regulación legislativa para proteger estos derechos fundamentales y libertades públicas que el texto constitucional enumera ampliamente.

La protección de la persona surgió en el ámbito del Derecho público, en Constituciones y en las Declaraciones de Derechos del Hombre de Estados Unidos (1776) y Francia (1789). La intención de cada uno de estos textos era crear un círculo jurídico de protección de la persona para evitar con ello que pueda verse avasallada por el Estado. La Constitución Española, dedica numerosos preceptos a la protección y respeto de la persona, así como a sus derechos y libertades. Posteriormente, también desde el Derecho privado se ha buscado esa defensa y ahora ya no sólo frente al Estado sino también en relación con otras personas.

Los derechos de la personalidad van siendo tipificados individualmente en vez de proclamar un único derecho de la personalidad. Se caracterizan por ser derechos absolutos, exigibles erga omnes, lo que conlleva que se genere en los demás un deber general de respeto hacia la persona. Junto a esto, los derechos de la personalidad se consideran: innatos a la persona (se adquieren por el simple hecho del nacimiento), inherentes a la persona (su objeto se identifica con los bienes más altos de la persona), intransmisibles, irrenunciables, e imprescriptibles.

Respecto a estos derechos de la personalidad, no es clara su distinción con los derechos fundamentales. Hoy se prefiere distinguir uno y otro término, al haber quedado consagrado el de “derechos de la personalidad” en la LO 1/1982, de 5 de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, y utilizarse para situar ese conjunto de derechos en el campo del Derecho Civil.

En nuestra Constitución se recurre a la idea de “derecho fundamental” para designar un ámbito de protección constitucional de la persona.

Algunos de estos derechos fundamentales coinciden con lo que aquí estamos llamando derechos de la personalidad, aunque la perspectiva de la Constitución es desde el terreno de las libertades públicas o los derechos de los ciudadanos a obtener prestaciones de los poderes públicos.

Los derechos fundamentales serían los exigibles frente al Estado y los derechos de la personalidad los exigibles frente a los demás ciudadanos. Y ello independientemente de que luego hubiera derechos de la personalidad coincidentes con derechos fundamentales. Al ser recogidos en la Constitución, no sólo son exigibles frente al Estado, sino que son exigibles frente a todos.

Los derechos fundamentales son los recogidos como tales, taxativamente, en la Constitución, con sus medios propios y particulares de defensa, mientras que los derechos de la personalidad son un grupo de derechos, dentro de los cuales los puede haber coincidentes con alguno de los fundamentales, pero con un desarrollo distinto (se atenderá a un punto de vista patrimonial y no político o ético). Debemos tener presente que hay derechos de la personalidad que no están recogidos expresamente en la Constitución (como el derecho al cambio de sexo o el derecho al nombre) y que no todos los derechos fundamentales se refieren a la personalidad (como, por ejemplo, el Derecho a la tutela judicial efectiva).